PURO CUENTO
ELADIO HERNANDEZ: ESPERPENTO
Mauro Gonzalez (Concepción)
Todos los jueves Eladio Hernández se dirige al correo ubicado a tres cuadras de su casa para recoger la correspondencia llegada a nombre de" solitario".podría ser un corto paseo por colo colo para cualquier persona. Pero no para el. Resulta ser tan aparatosa e innumerable la ortopedia metálica que lleva unida a su cuerpo que además de tornarle excesivamente trabajoso el andar no logra jamás pasar inadvertido. La gente lo conoce y lo saluda, por lo cual, Eladio Hernández ha desarrollado una suerte de coraza mezcla de risa y jadeo muy adecuada y de algún modo muy atractiva, tanto que llego a ser portada en La Gaceta por su afición a coleccionar antiguos recortes de diario de pequeñas noticias que no llegaron nunca a ser titular .todo el mundo lo felicito fue su momento de gloria, como contaría mas tarde. Las puertas del correo se abren al ver a Hernández. No le resulta difícil encontrar su casilla, girar la llave y ver su expresión serena, aunque siempre complicada al salir cargando los incontables sobres que, sin saberlo, las empleadas del correo han escrito por años para el todas las semanas pues su casilla no ha sido pagada en tres años.
UN CUENTO DE CHAMORRO
Nestor Chamorro (Curanilahue)
Ya no podía aprisionar más ese rulo en su tembloroso dedo, ni siquiera disimular la tensión con el lento y aireado columpiar. Estaba de frente, bueno de lado o costado, pero mientras cazaba su cabello se creaba otro lazo instantáneamente, dos bultos, dos cuerpos que envenenaba este verano.
El vaso de Ezequiel a medias, su calentura a medias, más que un vacío después de almuerzo era el postre añorado por todo un año, su pie izquierdo obedeció a la razón y provocó el abrupto de tener de ambas cuerdas, ambos de frente, el sabía que no habría otra oportunidad ni siquiera en sueños matinales, ni con lo ganchos de sus insufribles compañeros de banco...
¿Para qué mirar y recorrer labios trémulos?, si el era un experto, era como el portero del colegio que descuelga sus latentes ojos frente a una indefensa secundaria golpeada por su padrastro.
Pasión salvaje, pues ¿quien te enseña a dejar de ser niño? ¿Quién deja alpiste en el sendero?
Ante tal deseo de comer, nadie lo podría nutrir mejor que ella, más que deleitarse solo alimentarse, excluyendo la dulzura de su presa y desprendiéndole toda prenda de su naciente piel excitada y compungida, verde y rosado, nada de indecisiones lobo perdido,
Obvia los boletos de teatro y considera los de la lotería del sexo, por último al agua si no sales bien parado.
Fresia sin sorteo obtenía, sola, el cerrar de sus ojos cruzados por cuatro cadenas encendidas, rojo encendido ¡que premio! Inauguran pétalos. Cenizas del mañana.
Era la hora de tu caída, y no en picada, abrir, ahora es visualizar el mundo, ese marzo cuando quedan vacaciones. La idea es que el parto sea en el agua, de piscina a piscina, o bien terrenal, un suspiro sin destino de mundo febril, innegable hasta en prédica dominguera
De tus melodías rockeras a forzadas canciones de cuna, pero que ni en tu infancia sonaron, llantos que fueron aullidos en el ocaso de otra jornada amorosa.

